Scott Matthew
Scott Matthew sirve pequeñas porciones de folk matizado con sonidos que lo emparentan con Antony & The Johnsons e Iron & Wine. También hay algo por aquí y por allá de Rufus Wainwright. Así que, pasito a pasito, Matthew va marcando un caminito de migas de pan que tiene unos inicios algo extraños. Para empezar, hace unos años se unió a Spencer Cobrin (músico habitual de Morrissey) en el grupo Elba Snow para componer un álbum que nunca vio la luz de forma oficial. Y, para acabar, no dudó ni en segundo en colaborar en algo bastante freak: puso la voz en varias de las canciones de una serie de animación japonesa (Ghost in the shell: stand alone complex). Sea como sea, más allá de estas informaciones peregrinas, poco se sabe de Scott Matthew…
>Teniendo en cuenta que es difícil encontrar información sobre ti, ¿cómo describirías tu carrera hasta hoy mismo? Ha sido un viaje largo con muchos desvíos y giros inesperados. La decepción y la desilusión son inevitables para todo aquel que intente lo que yo he intentado. Pero, por suerte, finalmente he encontrado mi voz, mi sonido, mi género… como quieras llamarlo. La mayor parte del tiempo, dedicarme a la música me proporciona alegría, por lo que si mi historia fuera un cuento, tendría un final feliz.
>El punto de inflexión en esa carrera, sería, sin duda, Shortbus. En el film de John Cameron-Mitchell no sólo contribuiste componiendo algunas canciones, sino que incluso apareces en un par de momentos. El proceso fue estimulante. La idea es que durante el rodaje siempre había gente practicando sexo. No es verdad. Cuando yo rodé mis
escenas, todo era muy inocente. No vi ni a una sola persona desnuda.
Por otra parte, escribir las canciones a partir del guión fue un gran reto.
>Después de Shortbus, el próximo paso es tu album en solitario. ¿Cómo lo ves ahora que ya está acabado? El album es una dulce colección de baladas. Lo grabamos con muy poco dinero y con menos tiempo todavía. La gente dice que suena melancólico, y supongo que tienen razón. Pero no me gusta pensar que mi música sea deprimente. Prefiero pensar que es como un consuelo.
>¿Cómo fuiste a parar a Nueva York? Básicamente, vine a Nueva York para abandonar Australia. Allí me sentía demasiado dependiente, así que necesitaba volar lejos, hacia orillas más sucias. También es cierto que estaba enamorado de un americano, así que aquello fue el catalizador de mi escapada. Desde entonces, estos años en la ciudad han sido agridulces. Hubo momentos en los que incluso sobrevivir se hacía duro. Pasé mucho tiempo, hasta hace bien poco, trabajando seis días a la semana en cientos de trabajos de mierda para pagar mi vida y poder seguir dedicándome a la música. Nunca he dejado de actuar y de escribir. Dejar la música nunca fue una opción.
>¿Cómo abordas la relación entre sexo y amor en tus canciones? Mis canciones son todas autobiográficas: me he pasado la vida entera obsesionado con el amor. A veces de forma poco saludable. Finalmente, sin embargo, creo que he encontrado un equilibrio y una lógica. Estoy orgulloso de no haberme convertido en un cínico por mucho que mi buena predisposición me haya causado mucho dolor. En cuanto al sexo, no suelo tratarlo a menudo.


Meneame
del.icio.us
